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Allocution to Federal Court

After I was arrested for illegally trespassing US Navy territory in Vieques, I was released under bail two days later. Then, on July 16, 2001, I was sentenced to 15 days in jail after pronouncing the following allocution:

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Sr. Juez del Tribunal Federal, y amigos todos aquí presentes. En esta tarde me declaro culpable ante los cargos que me ha formulado la Marina de los Estados Unidos, sin embargo, no me declaro culpable ante mi conciencia.

Ante la queja y los sufrimientos de mis hermanos viequenses, no se puede tener oídos sordos una vez uno se da cuenta de la situación de opresión en sus distintas manifestaciones, en la política, en la economía y en la salud. En todos estos ámbitos, la Marina de los Estados Unidos se ha mostrado insensible ante esta situación. Ante la conciencia, no queda otra cosa más que obedecerla. Hay que defender el bienestar del pueblo viequense, que ha sufrido los estragos de la Marina por 60 años. Eso fue lo que me llevó a la desobediencia civil.

Soy estudiante de filosofía, la disciplina que busca los principios de la verdad, de lo bueno y de lo bello, tal como lo apreciaba Sócrates hace milenios atrás. Como fiel creyente de la existencia de lo que es objetivamente verdadero y bueno, y del deber a que la lógica y la ética me obliga, era mi deber defender la vida de mis hermanos viequenses.

Mis principios como cristianos también eran claros. Todas las mañanas me levanto pidiéndole a Dios que me haga un instrumento de su paz. En una religión como la cristiana, el amar al prójimo es un deber aún si es nuestro enemigo, aún si nos odia, aún si nos da en la mejilla. Pero el ser cristiano es el de estar comprometido con la justicia, con la liberación de los pobres y oprimidos. Es un compromiso de paz, mediante una acción de desobediencia pacífica. No se obedecen las leyes humanas, si éstas son contrarias al bienestar del ser humano: "El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado" (Marcos 2,27). Y Jesucristo también declara bienaventurados a los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios; y también a aquellos que son perseguidos por causa de la justicia porque de ellos es el Reino de los cielos (Mateo 5,9-10). Sin embargo, Jesús es también un ejemplo de paz, tal como profetizó Isaías: "Yo no me resistí, ni me hice atrás. Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos", pero también dice: "He aquí que el Señor Yahvé me ayuda: ¿quién me condenará? Pues todos ellos como un vestido se gastarán, la polilla los comerá." (Is. 50, 5-9).

El deber del cristiano es luchar por la paz y la justicia. El que renuncie a esto, no puede llamarse digno ante Dios. Esto es muy difícil, e implica muchos sacrificios. El que hace desobediencia civil en Vieques, corre el riesgo de perder su libertad. Pero nos dice el Señor: "El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí" (Mat. 10,38).

Siguiendo a mi conciencia, entré en Vieques a área restringida de la Marina de los Estados Unidos, junto a mis compañeros de universidad y maestros el viernes 27 de abril.

La Marina nos arrestó al día siguiente y muchos de los soldados nos insultaron con palabras soeces. Cuando llegamos a la perrera, se nos hizo arrodillarnos sobre un terreno pedregoso, acto en que los soldados de la Marina tenían la falsa impresión de que arrodillándonos en ese lugar nos hubiéramos humillado ante ellos. Después maltrataron algunos de los miembros de mi grupo, y eso se halla constatado en los videos que se han presentado en varios casos en este tribunal federal y ante los ojos del pueblo puertorriqueño por televisión. No bastando ello, nos rociaron pimienta y amenazaban con echarnos gases lacrimógenes, por el mero hecho de que enjaulados, esposados y en una perrera, comenzamos a cantar. De ello es testigo la Senadora Norma Burgos, Robert Kennedy, Dennis Rivera y Edward James Olmos. A nosotros se nos llevó de Vieques a Roosevelt Rhoads, y de allí a la cárcel federal de Guaynabo sin que se nos leyera nuestros derechos en ningún momento. En Guaynabo tendríamos que esperar todo el domingo hasta el lunes 30 de abril para que nos viera un magistrado.

Ante esta clara violación a nuestros derechos civiles, siempre mantuvimos la paz, porque esa era nuestra misión. A pesar de todo este dolor y sufrimiento, y la angustia por el sacrificio de dejar nuestros respectivos hogares y familias para la desobediencia civil, valió la pena. Sabemos que el resultado de nuestra aportación es la pronta liberación de Vieques de ese yugo que le ha impuesto la Marina de los Estados Unidos.

Mis antepasados siempre lucharon por el bienestar de este pueblo. Mi bisabuelo José C. Barbosa tal vez hubiera apoyado la causa viequense, porque su noción de estadidad incluía la valoración de cada uno de los ciudadanos americanos de Puerto Rico, incluyendo los de Vieques. Estoy también seguro que José Colombán Rosario hubiera favorecido la desobediencia civil como medio para defender a los viequenses. Esta herencia de ambos la heredé de mis padres Charles Rosario y Belén Barbosa, cuya enseñanza llevo con orgullo en mi corazón.

Todo lo que he dicho no es solo una mera explicación de por qué hice lo que hice, sino también de por qué la desobediencia civil es una respuesta a la conciencia que nos llama a hacer el bien y defender la vida de cerca de 9,000 viequenses. Allí donde un hermano herido y oprimido, allí estará presente mi corazón, mis oraciones y mis acciones para luchar contra esa opresión. Este pueblo ha sido valiente enfrentándose a una de las instituciones más poderosas del mundo, y la ha derrotado. La Marina sabe enfrentarse a situaciones de guerra, pero no sabe enfrentarse a la paz. Espero que la paz para Vieques sea la que una a este pueblo en su totalidad, y que abra los corazones de aquellos que no la favorecen y vean que lo que le concierne a sus hermanos y hermanas de Vieques, le conciernen a ellos también.

¡Que Dios bendiga a Vieques y al pueblo luchador de Puerto Rico!

Your Honor, Judge of this Federal Court and all friends here present. This afternoon I declare myself guilty of the charges here against me made by the United States Navy; but I don’t declare myself guilty in my conscience.

I cannot have deaf ears to the cry and suffering of my brothers and sisters in Vieques, once I was aware of the situation of oppression in its different forms in economy, in politics and in health. The U. S. Navy has shown itself insensible to all of this situation. All that is left is to obey conscience. We have to defend the well being of the people of Vieques, which has suffered the destruction by the Navy for more than 60 years. This is what led me to civil disobedience.

I’m a student of Philosophy, the discipline that looks for the principles of what is true, good and beautiful, as Socrates appreciated millennia ago. As a firm believer in the existence of what is objectively true and good, and of the logical conclusion that follows from that and what ethics obliges, it was my duty to defend the lives of my brothers and sisters in Vieques.

My Christian principles are also clear. Each morning I wake up asking God to make me an instrument of His peace. In the Christian religion, the love to the neighbor is a duty even if he or she is an enemy, or even if he or she hates us and hits our cheek. But being a Christian is to be committed with justice and liberation of the poor and oppressed.

It is a commitment to peace through the action of peaceful disobedience. We cannot obey human laws if these are contrary to the well being of humans: "Sabbath was made for man and not man for Sabbath" (Mark 2,27). And Jesus Christ also declares "blessed" those who work for peace because they will be called children of God, and also those who are persecuted for justice’s sake because from them is the Kingdom of the Heavens (Matt. 5,9-10). However, Jesus is also an example of peace, according to what was prophesized in Isaiah: "I didn’t resist, I didn’t go backwards. I offered my back to those who hit me, and my cheek to those who pulled my beard. I didn’t take my face away from the insults and spitting", but also says: "Here, Yahweh, the Lord, helps me: who is going to condemn me? Because all of them, like an old cloth, they will wear away, and the moth will eat them up" (Is. 50,5-9).

The duty of a Christian is to fight for peace and justice. Whoever renounces to this duty, cannot call him or herself worthy before God. This is very difficult, and implies many sacrifices. Whoever makes civil disobedience in Vieques risks his or her freedom. But the Lord tells us: "He who is not willing to take his cross and follow me is not worthy of me" (Matt. 10,38).

Following my conscience, I got in U. S. Navy restricted area in Vieques along with other students and teachers on Friday, April 27.

The Navy arrested us the following day and many of the soldiers cursed at us. When we arrived to the dog house, they made us kneel on a stony floor, act which the Navy soldiers had the false impression that by kneeling on that place we would be humiliated before them. After that, they mistreated some members of my group, and that has been shown in a video in many of the cases presented before this court and also to the eyes of the people of Puerto Rico. Not only this, they threw at us pepper spray, and threatened us with throwing tear gas at us, because, even though we were cuffed in a dog cage, we started singing. Senator Norma Burgos, and Robert Kennedy, Dennis Rivera and Edward James Olmos were witnesses to it. We went then from Vieques to Roosevelt Rhoads Base, and then to Federal Jail at Guaynabo, and nobody read my rights.

We always maintained a peaceful attitude before this clear violation to our civil rights, because peace was our mission. Though we passed through all this pain, suffering and anguish for the sacrifice of leaving our respective homes and families for civil disobedience, it was worth it. We know that the result of our contribution is the liberation of Vieques from that yoke imposed on it by the U. S. Navy.

My ancestors always fought for the well being of Puerto Rico. My great-grandfather, José Celso Barbosa, maybe would have supported Vieques’ cause, because its notion of statehood included the worth of each one of the American citizens in Puerto Rico, including those of Vieques. I would be sure also that José Colombán Rosario would have favored civil disobedience as means to defend the people of Vieques. I inherited all of this through my parents Charles Rosario and Belén Barbosa, whose teachings I carry in my heart with pride.

Everything I have said is not merely an explanation of why did I do what I did, but also why civil disobedience is a response to the conscience that calls us to do that which is good, and defend the lives of approximately 9,000 Viequenses. Wherever there is a brother or sister hurt and oppressed, my heart, my prayers and my actions to fight against that oppression will be there. The people of Puerto Rico has been courageous confronting the most powerful institution in the world, and has triumphed. The Navy knows how to confront war, but doesn’t know how to confront peace. I hope that peace for Vieques would be the ideal that joins our people together, and that opens the hearts of those that don’t favor it, and they see that what concerns their brothers and sisters in Vieques, also concerns them.

May God bless Vieques, and the struggling people of Puerto Rico!

       


Copyright (c) 2001-2003,  Pedro Rosario Barbosa.
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